
Fotografiar hámsters es complicado; un ejercicio de acrobacia corporal y paciencia infinita… pero es divertido, me gusta. Y no sólo porque siempre surgen, entre las decenas de tomas fallidas, algunas realmente bonitas, sino porque llegas a comprender el carácter de cada individuo observando sus movimientos.
Los saco de sus nidos uno por uno, y los dejo sueltos sobre el pseudo estudio fotográfico. Ellos posan con total naturalidad, me miran, mueven sus bigotes y siguen su camino, olisqueando aquí y allá, interesados en cada rincón y cada objeto.
Son profesionales de la pose y se acercan a mi objetivo sin disimulo: ” ¡¡¡No somos ratas, somos hámsters!!!”. No replico, pero sonrío: para mí son mis pequeñas y adorables ratitas, modelos profesionales.
Imagenes: Mina II, Nieve y Sylar, de Estefanía Domínguez.
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© Estefanía Domínguez. Todos los derechos reservados.
Je, me gusta la foto del medio de la curiosona Mina, y la siguente en plan “¡aire!”. Y la del medio de Nieve, “¿eran pa tí los cereales?… ups… taban ricos…”
¡¡Son muy fotogénicos!!
DDD